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miércoles, 25 de noviembre de 2009

HABLANDO CON LA MONTAÑA

Un rotero ama su terruño. Lo siente, lo cuida, lo disfruta. Saca de él algo nuevo en cada rotada. Su esencia en forma de losa, su paso técnico que aparece de la nada, siembra el grupeto de alegría que reacciona formando un corro a modo de alabanza mientras uno de ellos decide tirarle... Se estudia la trazada, se desenfundan las cámaras, surgen gritos de júbilo de sus gaznates... El ritual ha comenzado.

Desde antaño, han estado ahí, omnipresentes e inalcanzables. Coronadas a pata con nuestros padres y el perro, se nos presentaban como un muro inalcanzable a dos ruedas, pasando con los años a formar parte del reto: "Barranc de Casetes, Cid hasta las antenas (posteriormente C.H.L.C.), y Maigmó sin poner pie en tierra", se manifestaba como el desafío bicicletil más alto, reservado a unos pocos roteros, a manos de sus rígidas.


La Mola, el Cid, Serreta, Bateig, son los más preciados tesoros que conforman el Territorio Rotero, y la ocasión de hacerles la visita siempre es motivo de entusiasmo. En este caso, sería una visita en solitario a nuestra Mola, acompañado de mi cámara de fotos y mi montura, mi Yeti. Es, sin duda alguna, otra forma de disfrutar de la bici, escuchando el silencio que te ofrece la montaña, contemplando su belleza, sintiendo cómo regala a los sentidos un sinfín de sensaciones, y todo ello unido a una tarde de otoño dan como resultado un marco inigualable digno del mejor de los lienzos.


Ya a sus faldas se aprecia su esplendor, su sonrisa, que te obliga a sacar la cámara para tratar de congelar tal espectáculo visual. El sol está en su mejor posición, el cielo tiene unas nubes que aderezan sutilmente la escena. Perfecto. Encuadre, enfoque y... Listo!. Enfundamos "el arma" y a seguir dando pedales hasta llegar a uno de los refugios de los canteros de más de cien años de antigüedad y recientemente restaurado, algo que sin duda no escaparía ni a mi G9 ni a mi curiosidad...


Andamos justos de tiempo. El sol se pondrá exactamente a las 17:48, y, a partir de ahí, la luz irá mermando, por lo que no puedo entretenerme con las fotos. Más pedales hasta llegar al desvío que me lleva hasta "la Losa", divertido tobogán de roca caliza que hace las delicias de nuestro grupeto. Da gusto ver a todos desperdigados a lo largo del paso analizando, animando, con las cámaras dispuestas. Es un momentazo. La más pura esencia rotera que te envuelve y te carga las pilas. Sin duda... Protecciones, respeto y decisión tras inmortalizarla y para abajo, extrayendo el máximo jugo del instante.


Prueba superada. Vistazo a la "Extrem", una leyenda forjada a golpe de ilusión y locura, fruto del momento posterior a la euforia de la bajada y que hoy por hoy se presenta como la espada de Excalibur, que permanece a la espera de saber quién será o si habrá algún osado que pretenda plantarle cara...

El sol se pone, lo cual me brinda la posibilidad de trabajar con mi cámara en algo conocido en el argot fotográfico como "hora azul", ese momento en el que el cielo va cambiando de color progresivamente hasta llegar al negro de la noche y que nos muestra (si está despejado), un azul intenso que contrasta a la perfección con el paisaje, objeto o persona que queramos sacar en la fotografía.


No hay nada que más me guste -cuando de fotografiar se refiere-, que el momento en el que cae la tarde. Todo aquello que capturas con tu cámara parece tener vida propia, parece querer expresarte algo, al igual que lo hace el monte cuando te encuentras a solas con él. Es una simbiosis increíble, un vínculo que se hace cada vez más fuerte, un contacto directo con la Naturaleza y que todos deberíamos escuchar. Nos da tanto por tan poco...

Sigo por la senda de la Mola que me dejará a las mismas faldas del santuario, y apuro los últimos momentos de sol para, antes de la última bajada, echar mis últimas fotos y sentarme a observar el Valle de las Uvas, del que tan sólo va quedando el nombre. Gran instante el que precede a un descenso: todo lo bueno por hacer y una gran vista a tu disposición, desde una privilegiada posición.


Finalmente, monto a lomos de mi Yeti, última bocanada de aire puro serrano y para abajo, llegando hasta el parking del santuario, y siguiendo por senda hasta el final de la bajada, que te deja a la entrada del camino del río que me llevará hasta la senda que va hacia al pueblo. Casi no queda luz y es importante llegar a la civilización antes de que empiece a ser invisible a los monstruos del reino del asfalto, hasta que me planto en casa con la satisfacción de tener la tarde totalmente aprovechada. Las 18:30 y todo el tiempo del mundo para, tras una reconfortante ducha, tomar una pieza de fruta y observar tranquilamente en el ordenador el resultado de una ilegal de 10 en el Territorio Rotero.

11 comentarios:

  1. Gran divagación, para ir haciendo boca de cara al finde bicicleteril.

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  2. Juan, ¿y de cena, que tenemos?

    :-DDDDD

    Yo ya lo he leido, un placer!

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  3. ¡Por consiguiente.....!

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  4. Puedo prometer y prometo....

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  5. Pacolo, que te pareceria un poquito de pan, aceite, tomatito picadito y un poco de jamon al corte?????. Pues eso es lo que tomare!!!. Ufff!!!, acabo de comer, y solo de pensarlo, ya tengo ganas de que sea la hora de la cena. :D

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  6. ja, ja, preparame una tostá que voy palla!!!

    :-DDDD

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  7. Raliman returns, Pepe dixit.

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