- APADRINANDO UNA CARRASCA -
Soy de los pocos roteros que quedan sin conocer el mundo del padrinaje. No he experimentado esa sensación que, quienes ya lo son, comentan que es indescriptible y hace a uno ser una persona que comienza a ver la vida de otra manera. Ser padre te cambia, te hace madurar.
Poco tiene ésto que ver con lo que pretendo comentar, pero, aunque poco, en algo sí se parece. Y es que, tras comprar el diario Información y ver que tienen una fantástica iniciativa (que repiten cada cierto tiempo), que consiste en regalar al lector un arbolito autóctono para que uno mismo colabore en la repoblación de la, últimamente, devastada zona (sequía, Tomicus, Procesionaria...), y ponga su granito de arena.
Pues a poco de tenerlo en las manos, y como fan acérrimo de este tipo de planta, tiempo me ha faltado para llenar una botella de agua, coger la "llegona" y zumbar a la Mola a plantarla. Lo cierto es que, dado que hay una similitud muy grande entre varias especies, no sé si tenía en mis manos una carrasca o una coscoja, pero no importa. Y, tras un breve pateo subiendo a media altura por la montaña, he buscado el sitio ideal, tras informarme de sus "gustos", y unos cuantos "llegonazos" después, ya estaba en su sitio, "roalet" incluido. Agua, foto y esa satisfacción que te hace sentirte como padre de esa indefensa planta que espero dé una agradable sombra en verano.
Una gozada colaborar a que la montaña tenga más vida, oigan.


