PRIMERA NOCTURNA DE 2013. DESTINO: ORITO
Un día laborable más. O al menos, eso parecía desde que sonó el despertador. Misma rutina mañanera de siempre y a la oficina. Pero, a eso de las 10:40, zumba el móvil. Whatsapp. El Zam. Y me comenta que se rota entera. Un curioso sentimiento, pues cuanto más tiempo estás en dique seco, más ganas de rotar tienes (lógico), pero también es cierto que cuanto más rotas, más ganas tienes de volver a rotar. Y eso en mi pueblo tiene un nombre: vicio. Pero vicio sano.
Entablamos una conversación en la que me propone salir con la burranga un rato por lo menos para catar algunos piedros o una sendita que calme el mono. Pero, en las fechas en que estamos, servidora sale a las 18:00 y tiene más que comprobado que el sol da para 35 min. de luz a partir de esa hora. Después se esconde y tienes como mucho hasta las 19:00 hasta que sea prácticamente noche cerrada. Por tanto, la propuesta que me estaba haciendo el Zam era de nocturna. Y a uno se le pone el morro gordo cuando oye hablar de nocturna. Por tanto, touché!
Quedamos a las 19:00 que es cuando él sale para hacer "algo". Y ese algo se transforma finalmente en un Oritazo.
Salimos con la noche ya a nuestros pies, iluminados yo por un frontal y Zam con una linternufa con muchos "lumins". Iluminación perfecta para los dos. Nada de aire. Nada de frío. Pinta bien la cosa. Jopamos por el camino del río que nos llevará por senda hasta Monforte, siguiendo el trayecto de costumbre cuando ilegalizamos hacia Orito. Pasamos por "ca Juan" y berreamos un rato, pero no nos oye. Estará centrado en sus numerajos....
Primeras rampas de asfalto que hacen a uno recordar que lleva 2.5 delante y una bici que odia el agsfalto, pero tratamos de llevar el tema como buenamente podemos, xarrando de nuestras cosas, hasta que nos pasamos Orito y nos plantamos en la subida a la cueva. Hoy seguiremos por asfalto, ya que es una primera toma de contacto con esto de las nocturnas y decidimos bajar por la senda que hay tras la cueva (la que solemos hacer cuando bajamos desde el pico de la sierra del Águila).
La subida se antoja pestosa, y además conforme ascendemos, empezamos a notar el aire que comienza a hacer acto de presencia. Personalmente, empiezo a estar un tanto harto ya de los caprichos del dios Eolo...
Y, al fin, hacemos "cima". Llegamos a la cueva, dejamos un momento las bicis y nos dedicamos a seguir dándole a la sin hueso mientras comemos algo. Unas vistas agradables hacen que el momento sea momentazo. Fotos-experimento "pintando" con las luces y configuración de romano lista para el turrón que tanto deseamos.
Después de encomendarnos a San Pascual y estar bien listos para la bajal, subimos a las burrangas y empezamos a disfrutar realmente de lo que veníamos buscando: piedros y más piedros, rodeados de la más completa oscuridad, los árboles y el monte. Y de fondo, un escenario repleto de luces de todos los colores. Ahora es cuando empieza lo bueno: una visibilidad correcta dos metros por delante de ti, que hacen que tengas que emplearte a fondo con rápidos reflejos, ya que, aunque el frontal alumbra de lujo, al dar la luz en la misma dirección que tu vista, crea las sombras de las piedras detrás de ellas, haciéndolas momentáneamente planas sin serlo. Un añadido más combinado con la cautela. Un chorretón más de adrenalina que nos hace soltar el berrido típico cuando un rotero disfruta por una bajal.
Y finalmente, llegamos abajo, no sin antes hacer un poco el moñigo hasta llegar al asfalto con una sonrisa de oreja a oreja. Ha estado genial. Sabe a poco, sí, pero sienta de maravilla.
Carretera y manta. Unos kilómetros rodando por asfalto que, todo sea dicho, nos sirven bien para hacer ejercicio un rato y acabar haciendo 22 km. a buen ritmo.
Total: dos horas justas de diversión, buen rollo, xarraeta, subidas, bajales, papeancia y fotos. Habrá tiempo mejor aprovechao? Una experiencia que pretende crear la sana costumbre de nocturnear una vez por semana.
Yo, repetiré!














