..:: BLOG DE LA PENYA EL ROT ::..

martes, 8 de octubre de 2013

BIENVENIDAS, EXCREMENCIAS!!


Dicen las malas lenguas por ahí, que dos veteranos roteros abandonarán momentáneamente las laborales paternales para volver al redil de la "R". El estado de forma... debe ser lamentable, las ganas de hablar y contarnos cosas al resto... infumables, la mistela que deberán portear hasta arriba como ofrenda al grupo... de primera calidad, y las bicis... hechas una mierda desde la última vez que las tocaron.

Pero bueno, digo yo que habrá que quererlos de nuevo, que se merecen un beso en los morros y una rotada acorde con lo que ellos decidan. 

Dado el chumascamiento masivo bonocletil, se agradecería algo cercano, pasando un rato de esos de ponerte el esfínter a punto de nieve y volver a casa alegre y contento.

Totx & Ako / Ako & Totx... PROCEDAN!!!

CON NOCTURNIDAD Y ALEVOSÍA

Imagen de la Selección Nacional de hockey sobre patines de "la Terreta". La bicicleta no se sabe muy bien porqué estaba ahí.

Aquel encuentro en las profundidades del Xorret de Catí tuvo mucha miga. Todo el mundo puso de su parte para poder asistir al mayor número de actos posibles, de cuantos se celebraron en el "Summer Rot Revival" de julio de 2011.

Por la tarde empezaron a caer cervezas, ilegales vespertinas, escalones asesinos ya casi sin luz, carne a la parrilla, más cervezas, una nocturna brava de verdadero lujo, pedos que no venían a cuento, otros pedos que sí, un plato de ducha inundao, y una Rabosendeada matutina final.

Sin duda alguna, un encuentro tribal mantenido luego con otros nombres en veranos posteriores, que han ido marcando el calendario a base de grandes momentos vividos, con la bici como excusa. 

Menuda banda, la que tocó aquellos dos días por los escenarios del Pirineo del Vinalopó.

lunes, 7 de octubre de 2013

LA CRISIS DEL CALZONCILLO.

Me recuerdo a mi mismo junto a aquel amigo de la infancia, y con apenas 13 ó 14 años, divagando acerca de la autenticidad o no, de las primeras bicis de montaña con suspensión delantera.

Cierto, aquello ya era una declaración de intenciones y el principio de un largo currículum para certificar dentro de muchos años, el Máster en abuelo-cebollismo. Pero hoy en día lo percibo todo, como un carácter predestinado al puretismo descontrolado. Algo que es descaradamente maligno, con tintes antisociales marcados, y de resultado incierto.

Y es que, y permíteme que personalice, del mismo modo que odio clasificar y que me clasifiquen, amo el sentido de pertenencia, en el sentido más tribal de la palabra.

Curiosa dicotomía, pero a la vez real. Desgraciadamente real.

El tiempo pasó. Aquellos veranos de divaganda a la sombra de los cipreses con las cletas de entonces, dieron paso a divagandas a la sombra del café licor en un ambiente más nocturno, y con el tiempo, uno siempre retoma lo que nunca abandonó del todo. Vamos, que dejé de pillarme el pedal, para darle de nuevo a los pedales.

Y claro, uno se autoanaliza, ve lo que le rodea, que no tiene absolutamente nada que ver a lo que había hacía 10 años, y cae en la necesidad de compra. Renovarse o morir. “Pues habrá que renovarse”, pensé.

La renovación pasó por anular las sentencias que aquellos dos jueces imberbes emitimos bajo los cipreses, un suspiro posterior, una inspiración bien potente, y una horquilla de suspensión al canto. No veas si lucía bien aquella MZ Bomber en aquel cuadro cromado de CrMo.

Empecé a pillarle el gusto al tema. No hay nada como gastarse unos cuartos bien ganados, en la bici. Parece que las cuestas no cuesten, valga la rebuznancia.

Y al poco se configuró de nuevo la grupeta, conforme iban todos pasando la etapa de estabilización juvenil. Como no podía caer más café licor, volvimos a caernos en bici.

Con mi pareja apalabré un año de travesía en el desierto, y si seguía metido en el ajo, adaptarme a la modernidad con bici nueva, la que me recomendaba el mercado. “Si en un año no lo he dejado: pecaré”. Y así fue.

Arrumbado de nuevo quedó mi acero del Cuaternario, esperando el paso del tiempo, cayendo en el olvido bajo el yugo del óxido corrosivo.

Tan radical fue el cambio que me autoexigí demasiado, y me costó pillarle el hilo. Se diría que bajaba más rápido antes. “¿Qué me pasa doctor?”. Ayyy amigo… los hilos del mercado!!!

Tapé mis oídos y en las bajadas me olvidé del resto. Allí estábamos, en mitad de la montaña, aquella bici de marca mítica y yo, el resto no importaba. Al final le pillé el punto hasta el aburrimiento. Sentía que necesitaba más, y luego más, hasta que en esencia, de aquella bici solo quedaban ya el cuadro, las bielas y el cassette originales.

A los dos años, en una trialera infame aquel cuadro gobernado por una chapa con un piolo, me dijo “ahí te quedas”. Y vaya que si me quedé, más tirao que un pañuelo de papel.

Pero, ¿qué más da?, era el escenario y el momento ideal para un nuevo cambio, el mercado volvía a susurrarme las mejoras del momento, así que me volví a subir al carro. Quizá fuese el peldaño definitivo!!

Desde aquel momento, ya calzaba mayor aparato para bajar el monte que para mear. “Esto es justamente lo que necesitaba”, aseveré. Pero ¿qué era lo que en realidad necesitaba?, eso por suerte, lo tuvimos siempre claro desde las charlas de los cipreses.

Berenjenales mil, viajes siempre soñados, nuevas travesías saliendo desde la puerta de casa, y unas bicicletas con un funcionamiento jamás imaginado, hasta que me llegó la crisis del calzoncillo. Esa crisis existencialista que te dice que te despojes de todo lo inútil, y que te quedes sólo con lo verdaderamente importante, aquello que te permita seguir haciendo lo mismo que haces, sin que nadie te mire del todo raro.

Y con otra vuelta de tuerca más, de esas que da la vida, me quité la ropa. Esta vez no hizo falta ni catar el café licor para perder la vergüenza.

“Te la pegarás, vas al revés del mundo, eso es nadar a contracorriente, solamente una alternativa a ratos concretos” me decía el mercado. Pero esta vez, con el abuelo-cebollismo ya diagnosticado, y totalmente descontrolado dentro de mi cuerpo, no le hice caso.

Le levanté el índice, busqué un poco y junto con un libro de autoayuda destructiva escrito por cuatro hippies del Camp4 del Yosemite, que murieron creyéndose libres para hacerlo, me rasgué las vestiduras. Empecé a coquetear con mi hierro primitivo, apenas dos metidas de mano, y me gustó, aunque conocía ya algunas posturas un tanto complicadas, que no hacían sino pedirme una amante un poquito más flexible y acorde.

Llevo ya más rutas que dedos en las manos, con otro cuadro hecho del mismo material que el que apoyábamos en aquellos cipreses, aunque mucho más robusto; y lo que es peor, me sigo haciendo la misma pregunta que en aquellas tardes de verano nos hacíamos, acerca de la autenticidad del ciclismo de montaña.

El mercado me dice que no, que mi crisis es postural, que eso se pasa con un poco de almohadilla eléctrica, alcanfor, un amortiguador trasero y nuevo diámetro de rueda. También que no idolatre a nada ni nadie, que el postureo es para la adolescencia, que ir de tal o de cual no es para mi…

En la grupeta me encuentro sumido en sus profundidades, oliéndoles apenas el rastro al resto de los colegas, cuando el sendero se hace de palmo y medio y enchufa hacia abajo; y allí me quedo a mi bola, jugueteando con esta y esta otra piedra, parando para recuperar la circulación de mis manos, convencido que esos momentos hay que estirarlos, marcando una inercia divertida claro está, pero en cualquier caso no intentando llegar abajo lo más rápido posible sencillamente porque acaban antes.

Por eso aquí sigo, alucinando bellotas con algo que no me costó ni una compra semanal del Mercadona, repintado, forrado a pegatas cual carpeta del instituto, y nadando al revés en un río repleto de necesidades que todo el mundo entiende como básicas.

Eso sí, admitiendo a trámite la horquilla delantera, porque aquellos jueces imberbes no tenían ni puta idea.

CIM DEL BENICADELL -PARTE 2- (5/10/13)

Segunda tanda de fotos, tratando de recoger la esencia de la rutaza y jornada de bicigarrulismo mediterráneo. Y es que el monte se deja querer, si se le entra "com cal".


Tiempo hacía que servidora no daba pedales, y tampoco metía fotos para este gran blog. Así pues, esperando sea éste un punto de inflexión, tanto para mí como para el resto de la grupeta que se echó en falta, sólo queda agradecer a los que siempre tiran del carromato, para que esto no pare.

Pero qué regrande que es esto, leshe !!!!

PD: El vértigo de ciertos momentos no me deja disfrutar al pleno como al resto...

domingo, 6 de octubre de 2013

CIM DEL BENICADELL -PARTE 1- (5/10/13)


Recomendable ver el álbum en modo "presentación", y a pantalla completa.

Escritos quedan los datos en la entrada de abajo, que siendo frescos y recién traídos del monte, pueden servir para hacerse una idea de lo que hicimos ayer. Pero las imágenes valen más que las cifras y los datos, mucho más, así que empezamos con las tandas de fotos de un día redondo, para enmarcar, de esos que se disfrutan desde el minuto uno hasta el descuento del árbitro.

Fabuloso bucle el de ayer, sin duda uno de los grandes en el panorama ciclista de la zona. Un recorrido que siendo duro, no es criminal, y que tiene de todo un poco y en su justa medida, dejando un gran sabor de boca.

De lujo compañeros, una suerte haber vivido lo de ayer, sin duda.

PD: Gracias a todos, pero en el "tema fotos", mención especial para los que aguardan al furgón de cola. Sin su paciencia y espera, este álbum no sería el mismo. Pero en general, gracias a todos por esperarme. ;-)

A TRAVÉS DEL BENICADELL: MINICRÓNICA ROTERA.

Todos pensamos que el Benicadell de ayer, no parecía el mismo que el de aquel "lejano" verano del 2010. En aquella ocasión, que no fue sino la primera de las muchas visitas que se esperan por aquella sierra, el calor de mediados de julio nos lo puso duro, y los troncos caídos en la bajada desde el pico, fruto de las nevadas tan fuertes del invierno anterior, no permitieron un ritmo demasiado holgado.

Esta vez todo ha sido distinto, y mira que la cosa pintaba fea desde abajo, con una batida de jabalíes desparramada por toda la montaña. Pero la sierra tiene 25 kms de largo, así que al final el tema se nos dio de lujo, y poco a poco fuimos dando ese largo rodeo característico que te lleva al principio por un tramo que con sube y bajas constantes, te permite ver la realidad rural de la Vall d'Albaida, el valle "blanco" de los moros, que acertadamente bautizaron esta tierra margosa.

 Tramo de sube y baja continuo por el lindero entre 
el terreno forestal y el agrícola. Los riñones ya duelen.

Con vistas al castillo de Carrícola, almorzamos en la Font del Meler, y con el bocata y las "drojas duras" centrifugando en nuestros estómagos, rompimos el desnivel por ese sendero precioso que se deja hacer, para ir con posterioridad entrando en materia. Allí donde el camino de montaña se torna sendero, una vez cruzadas las Neveras de Carcaixent, la cosa se pone peluda, pero esta vez el tramo "depilatorio" no fue para tanto y se hizo corto. Justo con la mitad del recorrido hecho, y ya a unos 900 de altura, la visión se torna espectacular, y los canchales, el sendero aéreo y el pino resinero, dan un ambiente de alta montaña mediterránea, pese a la relativamente poca altura real.





Terreno de media montaña mediterránea, muy similar al de otros territorios
 como el norte de Castelló, Cazorla o los Calares del río Mundo. 
Personalmente, uno de mis favoritos.

La senda cruza en una larga diagonal algunos de los mejores tramos ciclables en esta barrera natural entre el Comtat alicantino y la Vall d'Albaida valenciana. Un mtb épico de verdad. Después de un collado llega la vista de la canaleta final que da acceso al pico, con un mensaje subliminal en forma de porteo que en realidad es bastante cómodo en su mayor parte, y costoso en las rocas del final.

El acceso al pico es... tal que así!! estético y bonito a más no poder.

Arriba del todo, a 1104 mts, esa sensación de pico que tanto nos gusta a los rots, sitio ideal para una comida de altura en compañía, y con esa tranquilidad y nervio a partes iguales dentro de los cuerpos serranos. Protes y a darle a la bajal, que desde arriba se atisba antológica.


"¿Qué pasa qué dices?, ¿que no queda más sierra?, hala pues para!"

El primer tramo es imposible, pero es muy corto y apenas supone nada en cuanto desnivel "perdido". Antes de meterse en la canaleta el arrojo y el temple, si ese día lo tienes, te permite tirarle a un par de pasos que pueden generar confianza. Bien para empezar.

 Estos tramazos de picos calizos, con pasos expuestos y vistas infinitas... son de 11 sobre 10!,
 además de elementos clave para empezar a bajar con confianza, o sin ella.

La canaleta se hace rápidamente y posteriormente llega un pequeño remonte bastante ciclable para iniciar la bajada a través de los farallones calizos que caen del pico. Zig zags con patio o con mucho patio, retazos de pinar apoteósico, humedad y un firme del sendero espectacular. Salvo un tronco caído que deja paso por bajo sin problemas, ni rastro de las nevadas del invierno del 2009, es más, el pinar parece que se va recuperando del desastre.

El sendero se vuelve inverosímil entre los farallones de roca. 
Parece imposible que se pueda pasar por ahí, viéndolo desde abajo.

Con unos 300 mts bajados finiquitas este primer tramazo con una gran sonrisa, exactamente a unos 780 mts de altura. Para evitar molestias con la batida de jabalíes y por no ser objetivo de ninguna escopeta (el olor y el graznido roteros es fácilmente confundible por estos animales), optamos por no llegar a la Caseta de les Planisses, por lo que bajamos por la pista de la Font Freda unos 100 mts negativos, que duelen pero es lo que hay, y entramos en el rápido sendero de les Fontetes, con un repecho eso sí, y una diagonal siguiendo las curvas de nivel con gran visión sobre las paredes que sostienen el pico, para finalmente llegar a les Fontetes, a 660 metros, es decir, a la misma altura que la entrada del sendero del mismo nombre.

Diagonal hacia les Fontetes, lugar de repostaje y de recuperar fuerzas en las manos y muslos.

Con un pequeño repecho más y tras un fugaz tramo de camino, se inicia el espectacular sendero final. Se trata de la senda de l'Ombria de la Serreta del Ràfol, que atraviesa un precioso boscazo, el único que se salvó del pavoroso incendio del 94, y que dada la orientación W-E de la serranía, se llevó por delante una ponentà. El sendero se interrumpe en un pequeño tramo de camino a la altura del Portet de Sàlem (488 mts), para luego entrar siguiendo la espesura por senderillo estrecho nuevamente.
El sendero es rápido, con flow mediterráneo, de ese que abunda en los pinares, y que se caracteriza por la combinación de tramos lisos y rápidos con otros de roca y piedra más suelta, para llegar a la Ermita de Sant Blai y con ello a los coches justamente. Terminar por sendero la ruta es un colofón que a todos nos gusta, y mirar arriba luego y ver los 800 mts de desnivel en unos 9 kms que acabas de bajar, desde el mismísimo pico, hasta los pueblos del valle.

Tramazo final por bosque como colofón a una enorme rutón.
Qué más se puede pedir... ah sí! unas birras!

 Pues eso que "riba riba!"

Rutón y pedazo grupeta!