SENSACIONES EN LA X PEDALÀ DEL PINÓS
Iba a ser chunga, ya se veía venir. Toda la semana mirando en la página web del club ciclista del Pinós que si las inscripciones, que si la altimetría, que si el recorrido, la vista por satélite... Todo al detalle para no encontrarnos con ninguna sorpresa desagradable.
Llega el sábado y, como no podía ser menos, decidimos hacer una rotadita suave para terminar de poner a punto la maquinaria corporal que, al fin y al cabo, es la que tiene que responder.
Pues bien, 08:20 en el Parque de la Tahona. Bere, Juanaco, Vicent y un servidor se disponen a realizar unos Tunelamens. Llaneo suavecito para poner las piernas a tono. Pues no. Al final acabamos en San Vicente, a las puertas de Ciclos Guijarro esperando dos horas a que abra el sr. "Manolito on the road" para ajustar el desviador del "Sielito" de Vicente. Pero bueno, por un rotero en apuros, lo que haga falta y más, por supuesto. Volvimos para casa en lo que ha sido la salida más pastosa de la Penya en mucho tiempo, pero, como he dicho antes, pastosa pero necesaria. Sol, asfalto y 56 km., ¿Pasarían factura al día siguiente?
07:00 del domingo 10/06/07. Reunidos Vicente, Bere y yo en la sede rotera, cargamos las burras en el rot-móvil y nos encaminamos rumbo a Pinoso al ritmo que marca el cd rotero (o mejor dicho el loro rotero, ya que lo hace como y cuando quiere, jejeje). Nos plantamos en Pinoso ante el asombro de observar cómo nos da la bienvenida una ardilla que no duda en posar para la foto con sus mejores galas. Llegamos, subsanamos el pequeño error de la inscripción y nos ponemos a calentar.
09:05. Todo el mundo a filas. 432 bikers inquietos esperando la salida. Ambientazo impresionante. Adrenalina sobrealimentando nuestros cuerpos. Se da la salida y comienza el espectáculo. Por delante 54 km. de dura etapa compuesta por 3 puertos de montaña, 1856.78 m. de desnivel positivo y muchas muchas ganas de recorrerlo. Empezamos a buen ritmo, ni fuerte ni flojo, llaneando hasta que comienzan los primeros repechos. En mi cabeza sólo ronda una idea: el Barranc de Caseta, nuestro primer destino de órdago. El tiempo acompaña. Un tiempo nublado que no deja castigar al sol y de vez en cuando alguna que otra gota refrescando el cuerpo caliente por el esfuerzo.
Llegamos al cartel de madera que indica en su mapa la subida al Barranc de Caseta. Un compañero de fatigas murciano que fue casi todo el recorrido a mi lado suspira. "Madre mía lo que nos espera", le comento. Asiente con rotundidez. Comienzan las primeras rampas y toca echar mano del plato pequeño. Miro hacia delante y observo una hilera de bikers que parecen hormigas, en hilera, intentando sortear las zanjas del camino que deja el agua. Vienen a mi cabeza recuerdos de los propósitos del IMBA acerca de los caminos y cómo solucionarlos, cualquier cosa que me haga olvidar el esfuerzo que estoy haciendo para que sea un poco más amena la subida. Todos avanzamos a una velocidad casi nula. Miro hacia delante y veo rampas que no cesan y bikers allá en lo alto. Menos mal que conozco lo que estoy subiendo y sé cuanto falta. Dosifica las fuerzas, José. Dosifica...
Cuando pensaba que ya estábamos en la cima, observo para mi asombro que el camino en lugar de bajar sigue subiendo. Resignación y golpe de pedal, no queda otro remedio... Una vez arriba, a prepararse para la merecida recompensa, el descenso. Pero no recordaba que estaba en una marcha y el descenso no se disfruta tanto como en una rotada. ¿Por qué? Pues porque o yo soy muy osado o la gente que siempre tengo delante de mi en las marchas es muy miedosa. El caso es que siempre tengo que frenar cuando no quiero. Acabamos en una rambla en la que es necesario agarrar fuertemente la dirección de la bici si no quieres acabar en el suelo, ya que hay un mar de gravilla que dificulta el seguir adelante con normalidad. Voy con el murciano hablando y de momento escuchamos a nuestra espalda: ¡Cuidado derecha, cuidado derecha! Nos apartamos y nos pasa un chavalín con aspiraciones de líder que, tras pasarnos 5 metros, da un giro de manillar involuntario debido a la grava y acaba en el suelo. Tras comprobar que estaba bien, seguimos nuestra marcha dejándo al chaval que se quite el polvo y vea el estado de su burra, mientras comentamos la tontería que supone adelantar en una rambla cuando has salido de los últimos y aún queda lo que queda... En fin... Pero dos minutos después volvemos a escuchar: ¡Cuidado izquierda, cuidado izquierda!. No puede ser. Otra vez él. Volvemos a dejarle pasar y cruza como un rayo. Vuelve a hacerle un raro el manillar y de nuevo al suelo. Esta vez se salva por centímetros de que no le pase el murciano por encima. "¡Chavá, deja de hacé er loco que te vá a matá! ¿No vé que no vá a ganá ná? ¡Ayyy, cuando tengas 20 año má ya verá tú como piensas las cosicas de otra forma!". La voz de la experiencia, si señor. El chaval asiente y parece que se calma. Dejamos la rambla y poco antes de llegar al avituallamiento sólido, veo a mi tía Elia y compañía que comienzan a animarme efusivamente. Consecuente subidón adrenalínico que me hace llegar al avituallamiento casi derrapando. Llegamos al avituallamiento sólido. Dejo la bici y voy disparado a por un Aquarius de naranja y un plátano. Mientras lo como veo llegar a Vicentet. Le animo y allí los dos acabamos comiendo y bebiendo mientras comentamos nuestras sensaciones. Después de 15 min., montamos de nuevo en las burras y seguimos por una senda un tanto impracticable que en ocasiones transitaba por bancales de almendros. Noto la rueda de mi primo justo detrás de mí, y por más que aprieto no dejo de notarla. Pienso para mí: "Joder, si que ha salido con ganas Vicente". Al cabo de 5 min. llegamos a un camino ancho y vuelvo a ver a mi tía Elia & Co. Vuelven a animarme fervorosamente y me preguntan por Vicente. Yo, totalmente confiado en que nos estaban animando a los dos, me extraño y digo: "está detrás de mi". Me giro y resulta que no era él... Era un maromo-lapa chupa-ruedas. Le dejo pasar y sigo a mi marcha.
Llegamos al Cabeço de la Sal. Esto no lo conozco y encima nada más empezar a subir me falla el desviador y no me entra el plato pequeño. Maravilloso. Consigo llegar a un rellano y entonces ya bajo al pequeño y comienza la dura batalla de la ascensión. Tengo buenas sensaciones y el paisaje me gusta. Llegamos arriba y comienza un descenso en trialeras en el que llego a alcanzar los 48 km/h., alucinando entre las bajadas. Pero cuando quiero darme cuenta de lo que estoy disfrutando de la bajada, me encuentro de nuevo con otra subida, y esta de asfalto, que corresponde al tercer puerto de montaña del día y que se me hace muy pastosa, aunque el hecho de tener espacio para adelantar (ya que aqui no hay zanjas ni surcos), me supone un respiro. Coronamos y de nuevo el descenso, pero esta vez no muy agradable, ya que la senda era un surco continuo lleno de polvo bastante peligroso, por lo que hice la mayoría del recorrido por la parte exterior del camino. Termina la senda en el km. 40 y cuando ya pensaba que estaba todo acabado, aún quedaban 15 km. de agónico falso llano y alguna que otra subida. El murciano se quedó y yo, totalmente solo en el camino, aproveché para agotar las fuerzas que me quedaban, no sin dejar algo de reserva porque parecía que no veía Pinoso por ningún lado y no sabía cuánto quedaba, ya que en el folleto de inscripción decía que era una etapa de 50 km. y yo ya llevaba 54. Al final, entrada al pueblo y allí veo animándome al Bere, mis padres y mi tía Elia. Todos gritándome, lo que me dio un extra de fuerzas para afrontar la recta de llegada. Al final, 03:38:41.4 y ganas locas de comer algo, bajo los ánimos de la familia.
En conclusión, una marcha algo más dura que el año pasado pero en mejor momento de forma. Al final nos hemos "espolsado" 110 km. en dos días. Un 10 para la organización y el indescriptible orgullo de haber tenido en la marcha a mis dos primos y compañeros roteros. Confío en que al año que viene tendremos en filas a más miembros. Gracias a todos por un día rotero-festivo. RIBA RIBA!!
07:00 del domingo 10/06/07. Reunidos Vicente, Bere y yo en la sede rotera, cargamos las burras en el rot-móvil y nos encaminamos rumbo a Pinoso al ritmo que marca el cd rotero (o mejor dicho el loro rotero, ya que lo hace como y cuando quiere, jejeje). Nos plantamos en Pinoso ante el asombro de observar cómo nos da la bienvenida una ardilla que no duda en posar para la foto con sus mejores galas. Llegamos, subsanamos el pequeño error de la inscripción y nos ponemos a calentar.
09:05. Todo el mundo a filas. 432 bikers inquietos esperando la salida. Ambientazo impresionante. Adrenalina sobrealimentando nuestros cuerpos. Se da la salida y comienza el espectáculo. Por delante 54 km. de dura etapa compuesta por 3 puertos de montaña, 1856.78 m. de desnivel positivo y muchas muchas ganas de recorrerlo. Empezamos a buen ritmo, ni fuerte ni flojo, llaneando hasta que comienzan los primeros repechos. En mi cabeza sólo ronda una idea: el Barranc de Caseta, nuestro primer destino de órdago. El tiempo acompaña. Un tiempo nublado que no deja castigar al sol y de vez en cuando alguna que otra gota refrescando el cuerpo caliente por el esfuerzo.
Llegamos al cartel de madera que indica en su mapa la subida al Barranc de Caseta. Un compañero de fatigas murciano que fue casi todo el recorrido a mi lado suspira. "Madre mía lo que nos espera", le comento. Asiente con rotundidez. Comienzan las primeras rampas y toca echar mano del plato pequeño. Miro hacia delante y observo una hilera de bikers que parecen hormigas, en hilera, intentando sortear las zanjas del camino que deja el agua. Vienen a mi cabeza recuerdos de los propósitos del IMBA acerca de los caminos y cómo solucionarlos, cualquier cosa que me haga olvidar el esfuerzo que estoy haciendo para que sea un poco más amena la subida. Todos avanzamos a una velocidad casi nula. Miro hacia delante y veo rampas que no cesan y bikers allá en lo alto. Menos mal que conozco lo que estoy subiendo y sé cuanto falta. Dosifica las fuerzas, José. Dosifica...
Cuando pensaba que ya estábamos en la cima, observo para mi asombro que el camino en lugar de bajar sigue subiendo. Resignación y golpe de pedal, no queda otro remedio... Una vez arriba, a prepararse para la merecida recompensa, el descenso. Pero no recordaba que estaba en una marcha y el descenso no se disfruta tanto como en una rotada. ¿Por qué? Pues porque o yo soy muy osado o la gente que siempre tengo delante de mi en las marchas es muy miedosa. El caso es que siempre tengo que frenar cuando no quiero. Acabamos en una rambla en la que es necesario agarrar fuertemente la dirección de la bici si no quieres acabar en el suelo, ya que hay un mar de gravilla que dificulta el seguir adelante con normalidad. Voy con el murciano hablando y de momento escuchamos a nuestra espalda: ¡Cuidado derecha, cuidado derecha! Nos apartamos y nos pasa un chavalín con aspiraciones de líder que, tras pasarnos 5 metros, da un giro de manillar involuntario debido a la grava y acaba en el suelo. Tras comprobar que estaba bien, seguimos nuestra marcha dejándo al chaval que se quite el polvo y vea el estado de su burra, mientras comentamos la tontería que supone adelantar en una rambla cuando has salido de los últimos y aún queda lo que queda... En fin... Pero dos minutos después volvemos a escuchar: ¡Cuidado izquierda, cuidado izquierda!. No puede ser. Otra vez él. Volvemos a dejarle pasar y cruza como un rayo. Vuelve a hacerle un raro el manillar y de nuevo al suelo. Esta vez se salva por centímetros de que no le pase el murciano por encima. "¡Chavá, deja de hacé er loco que te vá a matá! ¿No vé que no vá a ganá ná? ¡Ayyy, cuando tengas 20 año má ya verá tú como piensas las cosicas de otra forma!". La voz de la experiencia, si señor. El chaval asiente y parece que se calma. Dejamos la rambla y poco antes de llegar al avituallamiento sólido, veo a mi tía Elia y compañía que comienzan a animarme efusivamente. Consecuente subidón adrenalínico que me hace llegar al avituallamiento casi derrapando. Llegamos al avituallamiento sólido. Dejo la bici y voy disparado a por un Aquarius de naranja y un plátano. Mientras lo como veo llegar a Vicentet. Le animo y allí los dos acabamos comiendo y bebiendo mientras comentamos nuestras sensaciones. Después de 15 min., montamos de nuevo en las burras y seguimos por una senda un tanto impracticable que en ocasiones transitaba por bancales de almendros. Noto la rueda de mi primo justo detrás de mí, y por más que aprieto no dejo de notarla. Pienso para mí: "Joder, si que ha salido con ganas Vicente". Al cabo de 5 min. llegamos a un camino ancho y vuelvo a ver a mi tía Elia & Co. Vuelven a animarme fervorosamente y me preguntan por Vicente. Yo, totalmente confiado en que nos estaban animando a los dos, me extraño y digo: "está detrás de mi". Me giro y resulta que no era él... Era un maromo-lapa chupa-ruedas. Le dejo pasar y sigo a mi marcha.
Llegamos al Cabeço de la Sal. Esto no lo conozco y encima nada más empezar a subir me falla el desviador y no me entra el plato pequeño. Maravilloso. Consigo llegar a un rellano y entonces ya bajo al pequeño y comienza la dura batalla de la ascensión. Tengo buenas sensaciones y el paisaje me gusta. Llegamos arriba y comienza un descenso en trialeras en el que llego a alcanzar los 48 km/h., alucinando entre las bajadas. Pero cuando quiero darme cuenta de lo que estoy disfrutando de la bajada, me encuentro de nuevo con otra subida, y esta de asfalto, que corresponde al tercer puerto de montaña del día y que se me hace muy pastosa, aunque el hecho de tener espacio para adelantar (ya que aqui no hay zanjas ni surcos), me supone un respiro. Coronamos y de nuevo el descenso, pero esta vez no muy agradable, ya que la senda era un surco continuo lleno de polvo bastante peligroso, por lo que hice la mayoría del recorrido por la parte exterior del camino. Termina la senda en el km. 40 y cuando ya pensaba que estaba todo acabado, aún quedaban 15 km. de agónico falso llano y alguna que otra subida. El murciano se quedó y yo, totalmente solo en el camino, aproveché para agotar las fuerzas que me quedaban, no sin dejar algo de reserva porque parecía que no veía Pinoso por ningún lado y no sabía cuánto quedaba, ya que en el folleto de inscripción decía que era una etapa de 50 km. y yo ya llevaba 54. Al final, entrada al pueblo y allí veo animándome al Bere, mis padres y mi tía Elia. Todos gritándome, lo que me dio un extra de fuerzas para afrontar la recta de llegada. Al final, 03:38:41.4 y ganas locas de comer algo, bajo los ánimos de la familia.
En conclusión, una marcha algo más dura que el año pasado pero en mejor momento de forma. Al final nos hemos "espolsado" 110 km. en dos días. Un 10 para la organización y el indescriptible orgullo de haber tenido en la marcha a mis dos primos y compañeros roteros. Confío en que al año que viene tendremos en filas a más miembros. Gracias a todos por un día rotero-festivo. RIBA RIBA!!






