AITANA: REBUSCÁNDOME EN MI MISMO
Rotar en solitario no es lo que más le gusta a uno, pero aún así, darle al pedal por las abruptas laderas de Aitana es un placer para los sentidos. Uno se queda embelesado a cada curva, a cada promontorio rocoso. Quisiera compartir ahora con vosotros lo que vieron mis ojos durante dos tandas matutinas, con la esperanza de que sean admirados estos paisajes, y el deseo de haceros particípes de lo que sentí.
Dicen, que lo que vives en solitario si no lo compartes, es como si no lo hubieses vivido.
Dicen, que lo que vives en solitario si no lo compartes, es como si no lo hubieses vivido.
Riba riba!






