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jueves, 12 de septiembre de 2013

LA VUELTA AL COLE EN UN CLÁSICO: LA MAXXI AVALANCHE


Parece que aún fue ayer, y en realidad nos separa esta imagen de la actualidad nada más y nada menos que 5 años. Así comenzábamos la nueva temporada rotera tras las fiestas, y no podía ser de otra forma que cargando burras en los coches y zarpando hacia la Maxxi Rotera, el único pseudo-remonte que hacíamos para dejarnos caer desde las antenas y endorfinar como cotxinos en los tramos más peliagudos. 

El fotomontaje hace referencia a la primera maxxi, el 21 de agosto de 2008, una rotada que marcó tendencia y dejó una profunda huella, pues disfrutamos como enanos en lo que por aquellos tiempos era de lo más heavy que teníamos a mano, quedando fija para sucesivas temporadas.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

EL DIBUJO DE LA AMPLIA SONRISA BAJO EL CASCO

Imagen de Manuel Maqueda. Dirt Mag.

Mientras embarcaba las maletas en el pequeño aeropuerto de Durban, cerraba las puertas de una nueva prueba, y sin saberlo, a todo un ciclo deportivo dedicado al mountain bike más profesional y más competitivo.

Acababa de sufrir lo indecible para superar los casi 700 kms de ruta con más de 15.000 mts de acumulado positivo, pero había conseguido finalmente, alcanzar un meritorio tercer puesto. Sin embargo y sin saberlo, algo había cambiado interiormente en él, mientras tragaba polvo por la inmensidad sudafricana. La Cape Epic, es una de las carreras por etapas más duras del planeta.

Hasta ese preciso instante su vida giraba en torno a su privacidad, desarrollada en su casa natal cerca de Southampton, con su mujer y su hijo; y su vida deportiva, llena de entrenamientos, compromisos legales con sus sponsors, stages y calendario milimétricamente planificado.

Efectivamente algo cambió su yo interior, en aquel singletrack perdido en algún lugar entre las montañas del Drankensberg y la costa KwaZulu.

Por detrás de él se desparramaba el grueso de participantes, por delante, solamente había una bici corriendo a una velocidad impensable siquiera para un impala. Era la de su jefe de filas y compañero de equipo. La nube de polvo que levantaban era evidente, y aquí y allá se escuchaban los gritos de júbilo de la población local, entregada a los corredores, que literalmente se dejaban la piel entre los espinos del matorral de esta ecorregión del Pondolant.

 

La tierra, ligeramente arenosa en el preciso instante en el que desde el páramo se descendía al fondo de un valle por una barranquera, era de tono rojizo. El mismo que lucía Gary en su cara, fruto del sol. El mismo que se encontró en la cara de su compañero de equipo en el recodo que precipitaba el sendero, convirtiéndole en un lugar destinado al noble arte del trialeo.

Jasper, que hasta ese momento era un ciclón inalcanzable en busca de la victoria, apenas balbuceaba y escupía sangre a partes iguales ahora. Horrorizado, el inglés abandonó su bici acudiendo a socorrer a este canadiense fortachón, insultantemente joven para el pelotón puntero internacional. La caída había sido considerable, entre sollozos y desesperación, con el hombro dislocado y con posible hemorragia interna, Jasper intentaba ponerse en pie para coger de nuevo su bici. “¿Qué haces?”, le espetó casi indignado Gary. Mientras escupió su propio incisivo, Jasper sacó fuerzas de donde no tenía y empujando a su compañero, subió a su montura sorprendentemente intacta, saliendo espoleado hacia el fondo del valle.

Lo siguiente que vio Gary al despertarse con un golpe de roca en la frente, fueron los evidentes síntomas de una derrapada en la curva. No lo había soñado: había ido a socorrer a su compañero de equipo accidentado, y mientras éste se sobrepuso, lo había arrojado casi al vacío.

En la puerta de embarque miró atrás. Suspiró y se marchó para casa enlazando vuelos internacionales.

Meses después, Gary se vio fuera del equipo. Jasper por el contrario, con dentadura nueva y totalmente repuesto, hacía buenos puestos y acumulaba anuncios en las revistas del sector.

El sol primaveral sobre la campiña inglesa no fue lo que motivó a Gary a salir de su cueva, sino más bien el ímpetu y el cariño de su mujer, y los dibujos que su hijo de 7 años hacía sobre su padre: siempre sobre una bicicleta y con una amplia sonrisa. Poco a poco fue desafiando al cambiante tiempo británico.

Poco a poco se volvió a sentir ciclista de montaña. Atrás dejó sus maillots esponsorizados, recuperando su vestuario de juventud, aquel que le descubrió sus ganas por las bicis de tacos gordos.

Empezó a rediseñar sus trazados locales, empezó a ir más allá, redescubriendo su propio entorno de otro modo, mientras recuperaba la forma, el tono y lo más importante: las ganas de montar.

Cierto día decidió dar un paso más, le dio a la tecla por internet y cerró su inscripción en una gran prueba, de nuevo a miles de kilómetros de su cotidianeidad.

La cortina de agua que caía era casi tan insufrible como la humedad ambiental. Palabras ahogadas, nunca mejor dicho, era lo único que se oía en aquel arcilloso lodazal. Hubo un momento en el que Gary pensó en dejarlo estar. La lluvia era algo habitual para él, nunca un impedimento para la bici, pero aquello le resultaba un territorio verdaderamente hostil. Los 12 kms de camino y sendero hacia Grifo Alto eran eternos, y el desnivel con aquellas condiciones, se volvía imposible.

El inglés, sumido en su propia miseria ciclista, esa que te aplasta en ocasiones, pensó en aquellos dibujos salidos de la mente de un crío de 7 años, un crío que pese a estar a miles de kilómetros de él en ese momento, sentía cercano, como si estuviese al borde mismo del arco selvático que lo rodeaba todo. En esos dibujos, un biker con casco, y bajo el casco una amplia sonrisa.

Se vino arriba.

Empezó a dar ánimos a todo pseudo ciclista marrón que pasaba. Las bicicletas, con tanto barro arcilloso pegado pesaban lo indecible, pero el inglés de la campiña estaba sumido en su propio sueño, en su propio afán de superación personal. En un recodo del camino se topó con una imagen dantesca. Hiriente. Salvaje.

Gonzalo era un tico local, habitual corredor de la Ruta de los Conquistadores, famoso en el pelotón de esta carrera de proscritos y penitentes en mitad de la selva costarricense, por poseer una sola pierna. Años atrás una conocida marca del mundillo había facilitado una poderosa bicicleta acorde a su prótesis, y el bravo ciclista acostumbraba a merodear puestos impensables a tenor de su impedimento físico, todo a base de coraje y pundonor. Algo supuestamente tan propio de un deporte como el nuestro.

Gary no lo dudó un instante, y casi deslizándose por el barro llegó hasta donde el tico sollozaba de dolor. Pinchándose la cara y blandiendo ramaje, consiguió tras veinte minutos eternos, liberar a su compañero que apenas se mantenía colgado sobre la barranquera por una maraña de árboles y arbustos.

Gary no pudo entender las palabras de agradecimiento eterno que el costarricense le dijo en todo momento, incluso cuando creía morir de dolor. Aparentemente, la liberación momentánea consiguió aliviarle, hasta el punto de no apreciarse ningún motivo grave por el que no continuar en carrera, si el shock y las contusiones no iban a más.

Los ojos húmedos, pequeños pero enormemente agradecidos del tico, se quedaron grabados en la retina y el pensamiento de Gary, ayudando en cierto modo a saldar una cuenta pendiente con el destino.

Al volver al camino, el tico no dejó ni pensárselo a Gary, quien de pronto se vio subido a su bici espoleado por el accidentado, que se quedó atrás plantado con su pierna de plástico, brazos en alto y espoleando verbalmente a quien le había salvado momentos antes.

El inglés de repente comprendió tantas cosas, que resulta imposible enumerarlas ahora.

Después, continuó diluviando durante horas, y el barro arcilloso se convirtió en una trampa demoledora para muchos. Ambos abandonaron esta prueba, de la que huyen como la peste las estrellas mundiales.

El hijo de Gary pintó unos días después a dos ciclistas marrones, uno con una sola pierna y otro con dos, pero ambos con una amplia sonrisa.

martes, 10 de septiembre de 2013

APLEC DE LAS HIGHLANDS: SERRELLA


El pasado 17 de agosto aunque ya queda un tanto lejano, fue un gran día lleno de lo que nos gusta y nos une. Mucho palabrerío podríamos poner aquí como texto, que quien no conozca al gremio o no practique este pseudodeporte para piernas peludas, interpretará como dignas de una gran frotada de trufa colectiva... así que mejor no entro en calificativos. Pero es que joder, el día no pudo ser mejor!!

Por fin el Aplec de las Highlands fue lo que su propio nombre indica: una buena arrejuntaica de distintas bandas tribales de toda la Terreta en terreno de juego duro, peleón pero resultón. Y al terminar un baño fresco (y tan fresco!!!), con birras del país y una buena sesión de gastronomía montañesa alicantina final.

A tomar por saco las tumbonas, las sombrillas, el olor a after sun y el plato combinao de marras!!! Os dejo con unas pocas fotos.

PATER AKO



Siguiendo con la sana costumbre rotera de elevar entrada para acontecimientos sociales roteros importantes, nos hacemos eco de una feliz noticia, que aunque todos sabemos, no habíamos anunciado por aquí (mil perdones por la tardanza). 

Por supuesto hablamos del estreno en esto de la paternidad, de un grande entre los grandes dentro de la grupeta rotera. Juanako, esa Sección Psicológica fundamental en el entramado rot, está junto con su señora Mireya, de enhorabuena por la llegada al mundo de Pablo. 

Felicidades pareja, esperamos el peque pronto empiece a preguntar a su padre aquello de... "¿qué plato pongo?".

lunes, 9 de septiembre de 2013

CÚA DEL BACALLÀ (AITANA)


Con posibilidad de hacer una escapada por la tarde, cargué la burra al coche y me aproximé hasta casi la Font dels Xorrets, una de las más desconocidas de la Aitana y para mi, sin duda, la más bonita.

Llevaba mucho tiempo queriendo alcanzar un collado a mitad de ladera, que da paso a la parte alta de la sierra por senderos y caminos casi perdidos. Pero lo que pasa, entre fotos y pararse con una mosca, cuando llegué al collado no tenía tiempo para cerrar el bucle apetecido, así que subí un poco hacia el castillo moro atalaya de la conocida como "Cúa del Bacallà" (cola del bacalao), que recibe su nombre por su curiosa forma, descansé un poco y bajé lo más rápido posible para no chumascar bonobici, con una Blue Pig perfectamente adaptada al paisaje de las Highlands alicantinas con solo dos rodadas.

Para otra ocasión el bucle que llevaba en mente. Lo huro!

viernes, 6 de septiembre de 2013

AL SUR DE WHISTLER...... SPRUCE LAKE

Otra vez Canadá.... otra vez esos lagos, esos bosques... como me gustaría rodar por allí algún día. No ya en el archiconocido Whistler, al que habría que hacer una visita obligada, sino perderse por esos bosques y lagos, que personalmente me alucinan. Los bikers no se quedan atrás, y aunque el Barel este sin mondraker ya no es lo que era, sigue pareciendo un buen tio, y no lleva mal el biciclo.... 

Espero que os guste.

Viernes! Por fin...
Rota o explota!