TARDE DE GLORIA EN LA MOLA
No me gusta el toreo, pero como lo de hoy ha tenido bravura al 200%, pues...
Tarde agradable y bien atemperada en la plaza de la Mola, donde a lo largo de dos horas y media se han servido un total de tres buenos morlacos de la ganadería de Benito Pedrolas. La gente aplaudió a rabiar desde el principio, con los asomos de trazadas imposibles fruto de la buena maestría del joven Oscurín, que ya no es tildado como promesa sino de evidente figura hecha realidad. Un torero con todas las letras.
A las cinco menos cuarto de la tarde, con buena temperatura y sol descendiente que deslumbró a la zona soleada, se libró el primero de la tarde, de nombre "Magre", que salió guerrero, astuto y tajante, dejando tambaleando a un tembloroso Secre, al que le vimos con cierto sobrepeso y poco rigor en la entrada a maderas. No en vano, arrancó los primeros "uys" de la tarde, con un culo atrás encarando un sartu que provocó también el depilado forzado de una zona de cuyo nombre no quiero acordarme. Cedió la arena a Oscurín, que engatusó al público a base de suavidad en los saltos, pases de muleta desde la mismísima zona de rocas, metiendo la puntilla en forma de colosal salto desde un margen de metro y medio y posterior pasarela con perfecto aterrizaje, arrancando la petición de primera orejota de la tarde.
Pepako se incorporó a la lidia un tanto rígido, pero seguro de sí mismo, evidenció valor al trepar con todo a cuestas hasta la mismísima parte superior de la Mola, por donde se antoja, nadie antes lo había hecho, arrancando el "olé" generalizado del tendido.
Con los últimos rayos de sol los tres maestros vieron como el segundo de la tarde de nombre "Arf Arf", salía encoñado. Sucesión de escalones, losas y piedros gordos hicieron las delicias del tendido, que pidió la oreja para el trío. Y en total sombra la plaza, acometieron el tercero, de nombre "Cantera". Descomunal, un morlaco de trescientos kilos, con una bravura como pocas ganaderías del Vinalopó ofrecen. El Secre y Pepako sortearon como pudieron a muletazos a la res, que a punto estuvo de encajar una cornada al primero de los toreros, embistiendo por detrás en una zona peliaguda, arrancando gritos de estupor entre los aficionados. Oscurín remato su tarde gloria con una estocada heróica venciendo donde nadie antes pudo hacerlo: el último escalón que remató a "Cantera". Ganándose el respeto de la crítica taurina, del respetable entero, y de los otros dos toreros que lo sacaron a hombros, con la silueta del Santuario presente.
Tarde agradable y bien atemperada en la plaza de la Mola, donde a lo largo de dos horas y media se han servido un total de tres buenos morlacos de la ganadería de Benito Pedrolas. La gente aplaudió a rabiar desde el principio, con los asomos de trazadas imposibles fruto de la buena maestría del joven Oscurín, que ya no es tildado como promesa sino de evidente figura hecha realidad. Un torero con todas las letras.
A las cinco menos cuarto de la tarde, con buena temperatura y sol descendiente que deslumbró a la zona soleada, se libró el primero de la tarde, de nombre "Magre", que salió guerrero, astuto y tajante, dejando tambaleando a un tembloroso Secre, al que le vimos con cierto sobrepeso y poco rigor en la entrada a maderas. No en vano, arrancó los primeros "uys" de la tarde, con un culo atrás encarando un sartu que provocó también el depilado forzado de una zona de cuyo nombre no quiero acordarme. Cedió la arena a Oscurín, que engatusó al público a base de suavidad en los saltos, pases de muleta desde la mismísima zona de rocas, metiendo la puntilla en forma de colosal salto desde un margen de metro y medio y posterior pasarela con perfecto aterrizaje, arrancando la petición de primera orejota de la tarde.
Pepako se incorporó a la lidia un tanto rígido, pero seguro de sí mismo, evidenció valor al trepar con todo a cuestas hasta la mismísima parte superior de la Mola, por donde se antoja, nadie antes lo había hecho, arrancando el "olé" generalizado del tendido.
Con los últimos rayos de sol los tres maestros vieron como el segundo de la tarde de nombre "Arf Arf", salía encoñado. Sucesión de escalones, losas y piedros gordos hicieron las delicias del tendido, que pidió la oreja para el trío. Y en total sombra la plaza, acometieron el tercero, de nombre "Cantera". Descomunal, un morlaco de trescientos kilos, con una bravura como pocas ganaderías del Vinalopó ofrecen. El Secre y Pepako sortearon como pudieron a muletazos a la res, que a punto estuvo de encajar una cornada al primero de los toreros, embistiendo por detrás en una zona peliaguda, arrancando gritos de estupor entre los aficionados. Oscurín remato su tarde gloria con una estocada heróica venciendo donde nadie antes pudo hacerlo: el último escalón que remató a "Cantera". Ganándose el respeto de la crítica taurina, del respetable entero, y de los otros dos toreros que lo sacaron a hombros, con la silueta del Santuario presente.




