miércoles, 18 de junio de 2008
lunes, 16 de junio de 2008
EN UN VALLEJO OLVIDADO.
Enclavada en una brava serranía, a tiro de piedra del Mediterráneo pero escondido a su azulona mirada, se esconde este pequeño vallejo. Pequeño, enjuto, envuelto de montañas ásperas de cruda belleza, resuelve a atónitas miradas un avío de esperanza, un halo de lo que fue o debió ser, nuestra terreta antaño.
El vallejo, porque no llega siquiera a ostentar la categoría de valle, permanece oculto al noventa y nueve por ciento de paisanos que viven en sus cercanías. Allí siguen ellos, envueltos en una estresante vida babilónica, ensimismados en sus quejumbrosas posesiones materiales, sin saber lo que se pierden tan solo unos kilómetros barranco arriba.
Y quizá sea mejor así. Quizá se mantenga ajeno porque allá solamente se llega sudando, a pie o en bici de montaña. Queda la esperanza por tanto, de mantener en el más firme anonimato aquel vallejo, que no tiene nombre, o al menos no es conocido para un urbanita como yo.
Su accidentado acceso es posible por los cuatro puntos cardinales, a cada cual más hostigoso. Por el Norte, aún hay quien osa romper con motores y estruendos la tranquilidad de sus pagos, pero el infernal conductor reparará en seguida de su cruenta encrucijada y marchará sobre sus pasos, o mejor aún sobre sus roderas, para volver por donde vino. El Este lo encierra el murallón del último mildoscientos del mediodía valenciano, por lo que sobra imaginar lo inexpugnable de su collado que permite enlazar con este recóndito lugar de montaña. El Oeste es poco utilizado, teniendo en cuenta que la razón venció al asfalto, dejando en el olvido alquitranadas pistas que pretendieron tiempo ha, prolongar Babilonia cerca del vallejo. Y el Sur, el eterno Sur, se convierte en el escaparate de entrada a este submundo. Y lo hace a lo grande, por un ancestral camino tallado en roca, suspendido en un mágico murete de mampostería, salvando un estrecho de roca caliza tallada en ardua tarea, por un barranco profundo que aguarda pozas de aguas cristalinas.
Acceder a él, es una de las grandezas que aún se pueden descubrir a poco que cabalgues a lomos de tu bici, a menos tiempo del que creen los animales del asfalto.
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domingo, 15 de junio de 2008
MORRO GROS vol. 2 (16/06/08)
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MUCHAS SENSACIONES EN POCAS PALABRAS: "Rotando por Caprala y el Morro Gros"
Se puede decir más, pero también menos.
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viernes, 13 de junio de 2008
CONVOCATORIA DEL SECRE
Una vez abajo, y dependiendo de la hora, se puede subir a l'Alt de Cárdenas en plena Serra del Cavall, y desdibujar el terreno por una trialera que hace mucho que no rotamos. Petrer y para casa a buscar si el tiempo lo permite, las merecidas "servezas".
Un rutón que contiene muchos kms, subidones, y bajadones. Además de todo lo que ya trae consigo una rotada. Así que vayamos confirmando quién viene.
Riba riba!
PD: Al fin es viernes.
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miércoles, 11 de junio de 2008
EL MORRO GROS-PUNTAL D'ENMIG: EL PARAÍSO DE LA ROCA CALIZA.
Su acceso, remoto y poco accesible, se hace por un sendero roto en muchas ocasiones pero 100% ciclable al llanear sobre la planicie del Morro Gros, a más de mil metros de altura sobre el vecino Mediterráneo. Una vez sobrepasado el Morro Gros, y transformada la senda en camino de montaña, éste se pierde, para dejar paso a la inclinación y verticalidad más absoluta para una bici de montaña. Empieza el descenso del Puntal d'Enmig, que debe su nombre a su situación entre dos barrancos: el de Peret y el del Salt de la Mula. Este último, junto al Barranc del Puntal, se considera el origen de la conocida Rambla de Puça que arriba al Vinalopó por Petrer, en un lugar donde según cuenta la leyenda, acamparon las huestes de Aníbal camino de Roma.
El caso es que la trialera, tras llanear por sendero y camino durante algo más de dos kilómetros, surge casi de improvisto, y provoca sensaciones indescriptibles a quién siente fijación por la roca caliza. No en vano, en apenas 900 metros, las mountain bikes se enfrentan a una sucesión ininterrumpida de escalones calizos, losas de roca con un agarre brutal, acumulaciones de piedras de considerable espesor, y sonoras raíces en forma de salto cuando la "senda" toma la vertiente abrigada y los pinos carrascos hacen acto de presencia.
A mitad de trialera, y a modo de imponente balcón, uno puede parar, para apreciar lo que está bajando, y de paso, echar un sorbo del camel relajando las manos, para de nuevo emprender rumbo SW hacia el camino cercano a la Casa del Búho.
Al llegar abajo, con un final desconcertante en el que tienes que reinventar la trazada, factor que se convierte en una constante en toda la trialera, miras hacia arriba y comprendes el porqué de su desconocimiento, el porqué de su aislamiento, pues parece que ni siquiera sea accesible andando.
Habrás bajado, amigo biker, nada más y nada menos que 270 metros de desnivel en menos de un kilómetro. Si esto no es una señora trialera, que baje el Dios de las Sendas y lo vea.
Se ha convertido en cita rotera obligada, en un lugar de peregrinación durante la mañana de los sábados, en una de las trialeras más roteras de cuantas surcan nuestra casa. Se lo ha ganado a pulso, y consiguió verter adrenalina a raudales, gritos de emoción e incluso aplausos, a quienes ya la han rotado.
El Morro Gros, se quedó ahí, escondido, para que cuando gustes, desafíes a las calizas.
Gustas?
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Etiquetas: TRIALERAS ÉPICAS

