EL WHISTLER DE LA TERRETA
Los montes que quedan a mitad de camino entre Fontanars dels Alforins y Beneixama no tienen un aspecto muy abrupto que digamos. Sin embargo, son un auténtico festín de senderos de todos los tipos y colores.
Tierra interior, a espaldas del mar, con suficiente altura como para que las nubes del invierno caguen copos de nieve del diámetro de una Tótem, si se tercia. Aquel día se terció, y por los pelos salimos indemnes de una encerrona como pocas.
Eso sí, el aspecto del bosque y las trialeras que encierra, eran de un whistleriano que no veas cuando empezó a cuajar una fina capa de nieve.
Un rato después la capa tenía de fina lo que el Secre bajando la Cantera.
Tierra interior, a espaldas del mar, con suficiente altura como para que las nubes del invierno caguen copos de nieve del diámetro de una Tótem, si se tercia. Aquel día se terció, y por los pelos salimos indemnes de una encerrona como pocas.
Eso sí, el aspecto del bosque y las trialeras que encierra, eran de un whistleriano que no veas cuando empezó a cuajar una fina capa de nieve.
Un rato después la capa tenía de fina lo que el Secre bajando la Cantera.




